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Discurso

Palabras del Presidente Gustavo Petro, durante la presentación de la Política Nacional de Drogas 2023 - 2033 ‘Sembrando vida desterramos el narcotráfico’.

Con ustedes queremos cambiar esta economía, cuidarla, lograr que el campesinado y las comunidades étnicas puedan prosperar

Foto: Alexa Rochi - Presidencia

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El Tambo, Cauca, 3 de octubre de 2023 

Indudablemente estamos en un tema complejo. Nadie puede asegurar aquí con certeza cuál es el camino más fácil, el más eficaz para salir de los problemas que la sociedad colombiana en relación al narcotráfico tiene desde hace cincuenta años o más.

Cuando yo nací no existía esa palabra en Colombia, cuando nacieron mi generación, por ahí la mayoría de las personas que encontraron que para desarrollarse tal problema no existía. Es un problema contundido, no está en la historia de nuestro país, ni en las tradiciones, ni en políticas sociales, ni culturales, el problema del narcotráfico lo construye en mayor participación de Colombia. (Audio defectuoso)

Se construye a partir de que se decreta la guerra contra la marihuana y el LSD y no voy a repetir la historia porque se trata aquí de ver qué vamos a hacer ante ese problema. 

La marihuana hoy se vende en Times Square, me di un paseo por ahí y casi salgo trabado. Olía por todas las calles, por todas las esquinas y vendían en almacenes común y corriente como cualquier otro producto, supongo que cobran impuestos y que lo que se conoce como la ciudad de Nueva York o el estado de Nueva York vive parcialmente de ellos. 

Y fue por ahí por donde comenzó la guerra contra las drogas, de ahí, digamos, la enorme hipocresía que he denunciado en muchos escenarios internacionales sobre este problema. 

¿Cómo así que durante 50 años decretaron que la marihuana a nivel mundial era prohibida? No sé cuánta gente ha pasado por las cárceles a partir de eso aquí y allá y en todas partes. ¿Cuánta gente ha sido encarcelada? ¿Cuánta gente ha muerto? Porque indudablemente la ilegalidad trajo la violencia. 

Ya menos niño recuerdo la gran guerra entre el clan Paldeblanques y el clan Cárdenas en la Guajira por la marihuana. Se mataron no sé cuántos entre sí ¿Por qué? Porque la habían prohibido y ahora yo veo que es legal. Pues entonces nosotros como colombianos y como latinoamericanos tenemos que reflexionar sobre este problema porque el balance que algunos expertos han mostrado es que a partir de esos 50 años han muerto un millón de latinoamericanos. Lo vemos todos los días aquí mismo en el Cauca siguen muriendo. Un millón de latinoamericanos han construido, porque no fue nuestra voluntad que sucediera, las regiones y ciudades más violentas del mundo en estos 50 años. 

No es sino poner en el mapa ese tipo de estadísticas en la geografía y encontramos que miden exactamente, recorren exactamente las rutas clandestinas de la cocaína. Y estamos entonces aquí, por ejemplo, en esta región concreta que es víctima de este tipo de políticas. No sé cuánta gente haya muerto en el valle del Micaya, tiene el 75% de la producción de hoja de coca y obviamente padece, no padeció, padece bajo el yugo de la violencia que incurre, y tengo que decirlo, la del Estado. 

Y se trata de construir un camino, se trata de construir un camino de acuerdo a las experiencias concretas que cada región tiene de los aciertos, desaciertos, de lo que ha pasado y no ha pasado, para ver cómo realmente ese camino nos lleva a la paz, a la tranquilidad en un territorio. 

La hipocresía de la política en Colombia 

Partimos de un hecho que el mismo Ministro de Justicia dijo ahora hace poco, la hipocresía de la política en Colombia, no sólo en el mundo, en Colombia, son también 50 años que más o menos a través de la comunicación social, de la política pública, se ha llevado a hacer pensar en la sociedad y en el mundo que hay un enemigo interno que es el que siembra la hoja de coca o siembra la marihuana. En general, familias campesinas, igual que las demás familias campesinas, o indígenas, o comunidades negras. 

Allí se ha centrado la represión. Innumerables operaciones militares se han construido alrededor de cómo capturar esa familia, en general, desarmada. A muchísimas, a miles, miles, durante estos 50 años se las han llevado a la cárcel. Muchísimas personas han muerto asesinadas. 

Mientras tanto, de vez en vez, aparecen en los medios de comunicación las grandes realidades de la hipocresía, de la lucha contra el narcotráfico, porque al mismo tiempo que ha sido la familia cultivadora, el jíbaro pobre del barrio popular, la víctima, el enemigo, como dicen, el enemigo interno, los mismos que hacen ese tipo de política pública terminan abrazados con los narcotraficantes. 

Esa es la hipocresía, porque los narcotraficantes no viven aquí en el Valle del Micay, que van a vivir en una casa de las que hay aquí. Claro, el mundo exterior, la sociedad norteamericana no se da cuenta de ese hierro tan terrible ¿Qué narcotraficante va a vivir en una casa aquí, con necesidades pobres allá en esa cuchilla, por ejemplo? Viven familias ¿Dónde vive el narcotraficante? Pues cerca de Times Square, precisamente, en Madrid, en Miami, en las grandes urbanizaciones, suburbios que le llaman, del Estado de la Florida, o en la ciudad de Bogotá. 

Lo he afirmado una y otra vez, se ha paseado por los salones del Palacio de Nariño y el Capitolio Nacional. ¡Se pasea! Me dice a veces el presidente el Congreso, no, ¿cómo nos va a insultar así? No estoy insultando a los congresistas, la mayoría nada tiene que ver con estos asuntos, pero el narcotráfico sabe cómo hace sus negocios.

Ese narcotráfico no nació en la sangre colombiana, nos lo construyeron, construyeron un mercado ilícito y obvio que aparecieron las personas que se querían aprovechar y enriquecer rápidamente de ese mercado que daba una rentabilidad tan grande que se mide entre el costo de producir y la venta en el consumo final en alguna de las naciones desarrolladas. 

Nunca quisieron desarrollar una política de prevención o de regulación o de mitigación del daño entre los consumidores porque implicaba una política en su propia sociedad, les parecía más fácil políticamente, en vez de preguntarse por qué se droga su juventud, venir aquí a una sociedad extraña como la colombiana a echarnos la culpa. 

Esa es una política fácil y como los colombianos tenemos la piel un poquito oscura o mucho, entonces de paso metían sus complejos xenofóbicos y racistas. Son esos indios los culpables de que nuestras juventudes se vuelvan adictas a las drogas. 50 años así, en esa hipocresía con una terrible paradoja que pareciera un castigo divino en realidad. La propia sociedad que construyó la guerra contra las drogas, nos mete en este problema durante 50 años. Exacto a este millón de muertos entre los latinoamericanos termina adicta de una droga de muerte. 

Que nada tiene que ver con cultivar, que nada tiene que ver con la tie​rra, que nada tiene que ver con ancestros culturales, con que nada tiene que ver con la rumba, o la fiesta, o la exploración que literalmente su nombre lleva es a la muerte, un fenómeno. 

Y ahora esa droga de muerte, las que son como ella son las que vivimos y nos lleva a momentos todavía más complejos, muchísimo más complejos. Y ahora, en este momento, (11:00 audio deficiente) es muchísimo más complejo. 

Sentar las bases de una política más se​​ria y efectiva  

​Nosotros ​queremos cambiar esa hipocresía. Iniciar, porque tenemos poco tiempo y nos lo quieren acortar, además. Tenemos poco tiempo ¿Cómo sentar las bases de una política más seria y efectiva entre nosotros, el pueblo colombiano? Ese es el desafío que tenemos aquí. 

50 años después, no podemos decir que todo es hermoso en Colombia, que todo es pulcro. La misma organización popular ha sido infiltrada. La organización popular tiene que ser libre para ser genuina. Las violencias de todo tipo se han cruzado en nuestro territorio. El discurso revolucionario que alguna vez se expandía por estas tierras, incluso de mi mano, no es exactamente el mismo de hoy. No es lo mismo la forma como murió el Che Guevara y el entierro en un féretro con broches de oro de alguien que dice que es su heredero, no, señores. 

Toda esta guerra ha degradado la mentalidad colombiana en todos los aspectos, en todos. Por eso incluso un grupo aquí de muchachos armados decidió dejar las armas, porque no queríamos ser narcotraficantes, punto, no nacimos para eso, nos consideramos revolucionarios y queríamos cambiar el mundo y lo queremos hacer. No nos interesa enriquecernos. 

Pero no desde el romanticismo podemos solucionar este tema. Hemos hablado de una política, de una político-militar solución y yo sé lo que significa eso. 

La primera solución, a la primera hipocresía, es separar el Estado del narcotráfico, no es echar al campesino a la cárcel, eso es una excusa para tapar la realidad de la podredumbre que hay en la política colombiana. Este gobierno no lo puede permitir, ahí no vamos. 

El narcotráfico se ha comprado secciones enteras de la Fiscalía para no ser juzgados, y esa verdad tiene que aparecer. El narcotráfico se ha comprado secciones enteras de dirigentes de la política colombiana, como yo mismo lo denuncié en el Congreso de la República, toda esa verdad tiene que aparecer. El narcotráfico se compró mandos del Ejército y de la Policía, y toda esa verdad tiene que aparecer. 

Desde el Ejército, desde el Congreso, desde la Justicia y desde la Política luchan contra eso, muchos han muerto en ese camino, asesinados ¿Cómo llevar el Estado colombiano a la Constitución y a la paz y no a un régimen de corrupción? Esa es la función de este gobierno, entre otras, y uno de los elementos básicos para que eso ocurra es la verdad, la verdad judicial. 

Ahora entiendo, no lo comprendía hace unos años, por qué tanta bronca contra la Justicia Especial para la Paz, contra la justicia transicional, yo no comprendí por qué me derrotaron en el Congreso de la República cuando un grupito de nosotros propuso en el proceso de paz con los paramilitares, que los paramilitares recibieran beneficios jurídicos a cambio de que dijeran la verdad. 

Se desató una tormenta tal, sobre todo cuando la Corte Constitucional esa de esa época decidió que esa tesis era válida y transformó la ley de justicia en paz de tal manera que ningún paramilitar pudiera recibir beneficios jurídicos si no decía la verdad. 

Se los llevaron para los Estados Unidos de inmediato. Eso no es una ingenuidad, eso no pasó porque sí, eso no fue una anécdota más de la historia de Colombia lista para silenciarla rápido como tantas cosas han silenciado en Colombia para que el pueblo no se dé cuenta, para que no se sepa la verdad. 

Entre más y más se oculta, más y más se fortalece el régimen de corrupción y más y más el régimen de corrupción desata un genocidio sobre el pueblo colombiano, nos matan. Por eso este gobierno tiene que producir una ruptura y un cambio allí, que nos va a costar, nos va a costar. Eso no es simplemente hablando, claro que nos va a costar, quizás por alguna razón histórica vaya a saberse, salidos de las energías de las generaciones ancestrales de esta población, se fue construyendo las fuerzas y las energías para que pudiéramos ganar unas elecciones nacionales. 

Y quizás es para esto, para abrirle así sea en un espacio, momento de la historia, las posibilidades a que surja una verdad enterrada por el régimen de corrupción que tiene tanto miedo de que aparezca, tanto desespero porque aparezca, que trata de cerrar brutalmente este gobierno, trata de dar el golpe contra la Constitución de Colombia y no es carreta y no es mentira, y hay que estar listos, como la historia nos exige. 

Por eso no puede haber entonces esa primera hipocresía, no es la única, la verdad tiene que aparecer, como el narcotráfico capturó secciones de la Fiscalía para protegerse él mismo, como hay impunidad construida, no por ineficiencias administrativas sino premeditadamente construida para que los grandes capos que hay en Colombia sigan libres, para que los grandes contrabandistas que hay en Colombia sigan libres, mientras se llenan las cárceles hasta atascarse de gente humilde, campesina y de jóvenes, gritándoles a ellos que son los narcotraficantes, eso no puede seguir, y este gobierno no lo acobija.

Hay más hipocresías, hay más, y van bajando en el escalón hasta la base misma de la sociedad. No nos podemos dejar engañar. 

Yo he dado la orden a todos los miembros del Ejército de tomar el plateado, yo la di, ahí no puede haber confusión, sinceramente, después que habían matado a unos policías por allá en otros pueblos, la di porque esta economía no puede seguir financiando la muerte de la sociedad colombiana, no puede ser. 

No nos podemos vestir de revolucionarios y ser traquetos en el alba, eso no se permite. O se es revolucionario o se es revolucionario, pero hay una gran diferencia entre Pablo Escobar y el sacerdote Camilo Torres Restrepo. 

No, que no se confundan las vidas de unos y de otros en la historia de Colombia, y sé lo que estoy hablando. El narcotráfico ha construido instrumentos armados que los llama de maneras diferentes, que sirven para cuidar cultivos, que sirven para controlar a la población, que sirven para quien quiera destruir esa economía no entre y que a cambio se permite una lógica de crecimiento a partir del dinero del narcotráfico. 

Mientras tanto las regiones se van pudriendo en su alma, en su cultura, se van llenando de masacres y delirios sociales muertos, eso no puede seguir. Mientras tanto quien de joven pensó que iba a cambiar y transformar revolucionariamente a Colombia se va transformando, convirtiéndose en un verdugo de su propio pueblo, eso no puede ser. Ese no es el camino. 

Por tanto, aquí en el Valle del Micay, queremos hacer la primera experiencia concertada con la comunidad, toda, algunos nos querrán, algunos otros no, para transformar una economía en otra. Eso vale dinero, indudablemente y eso necesita de un Estado y más que del Estado, de un esfuerzo social, incluso que va más allá de nuestra propia nación, de un esfuerzo nacional, indudablemente. 

Con ustedes queremos cambiar esta economía, cuidarla, lograr que un campesinado y unas comunidades étnicas puedan prosperar mostrándole al mundo como una política que no se basa en las rejas, que no se basa en las extradiciones, que no se basa en la corrupción del Estado o en la represión, puede ser muchísimo más eficaz. 

No lo puedo lograr en cuatro años en el conjunto del país, por la extensión del problema que ya tenemos, pero podemos demostrarlo en el Cauca, en donde la organización y la fuerza social es tan alta que tenemos con qué contar para transformar la realidad. Quizás lo pudiéramos hacer en Nariño. 

Nosotros queremos una economía campesina próspera que permita, como decía en mis discursos de campaña, que cualquier hija o cualquier hijo del campesino y de la campesina pueda estudiar siquiera medicina, matemáticas o filosofía, ese es el objetivo. 

Ese que pueda vestir mejor y que sus casas sean hermosas, llenas de flores, y que por las noches no tengan miedo de quien puede llegar a obligar a hacer tal o cual cosa porque tiene un fusil en el hombro. Queremos esa comunidad en paz, que hay que sembrar café, pues ayudemos a sembrar el café con cooperativas, que más abajo toca es el cacao, que qué pasa en la desembocadura del río Micay, no podemos hacer puertos para sacar esa producción afuera. 

No puede haber un comprador afuera de aquí, a estos funcionarios internacionales que nos acompañan siempre en estas reuniones. Oye, y es que esos señores de Walmart no pueden venir aquí a las bocas del Micay a comprarse el café del campesinado y poner en sus supermercados la nota sobre la cual la región del Micay es la región que vendiendo este café se enriquece y que le mostró al mundo cómo reemplazar una economía ilícita por otra ¿Es que no podemos lograr esos acuerdos? Acuerdos con la sociedad, indudablemente. 

Alguna vez también, en una oportunidad, viendo los problemas que se desarrollaban en el norte del Cauca, llegué a prever que podía estallar un conflicto interétnico en el Cauca y hasta pedí que tierras del norte del Cauca, había un señor muy rico, había que pedirle el favor, se vendiesen para poder entrar allí comunidades de diferente origen étnico y solucionar la presión interétnica que el crecimiento de la población está provocando en las montañas sobre tierras que son menos fértiles, que las del norte del Cauca, sembradas hoy casi exclusivamente por la caña de azúcar. 

Una periodista muy elegantosa, de esas que hay, se burló del planteamiento diciendo que queríamos expropiar, y ahí apareció la famosa palabra en esa entrevista, por mis discursos, que queríamos expropiar al señor Ardila Lule. Así convierten las cosas, la discusión, en hogueras de fuego y no descubren las posibilidades de una solución. 

Hoy la realidad es que ya andan un conflicto interétnico en el Cauca. Nosotros no preferimos la guardia indígena, a la cimarrona o a la campesina, ¿quién dijo eso? Preferimos es al pueblo colombiano, y el pueblo colombiano, cimarrón, campesino e indígena y más. 

Esas divisiones, no nos parece, esas divisiones lo que van llevando a matarnos entre nosotros mismos, a masacrarnos entre nosotros mismos ¿Qué más quisieran los dueños del narcotráfico, aliados con el poder político y económico de Colombia, que aquí la guerra estallara, estallara entre las comunidades étnicas? Matarse unos contra otros. 

No, señores, hace tiempo se descubrió que hay contradicciones en el seno del pueblo, obvio, pero que no se solucionan violentamente, sino que se tratan, se llegan a acuerdos, se avanza, porque un pueblo dividido es un pueblo que llevan ciegamente al rebaño y aquí no estamos para que el pueblo colombiano vaya al rebaño, aquí estamos para que el pueblo se una. 

Claro que hay que juntar las guardias y sobre todo las comunidades libres para decidir qué se hace sobre el territorio. Claro que aquí hay que imponer acuerdos, pero el primer acuerdo es entre el pueblo libre, entre las sociedades ¿Cuántos muchachos y muchachas andan por ahí en las montañas cercanas aquí con fusiles? ¿Cuántos en estos momentos están en combate contra el Ejército del gobierno de la potencia mundial de la vida? Porque aquí, ojo, no nos podemos dividir, el Ejército que está aquí es nuestro Ejército. 

Que hubo una serie de cosas, claro, gobernantes que querían usar el ejército contra el pueblo. Hoy, esta tarde, me toca estar en la plaza de Bolívar pidiendo perdón por uno de esos hechos, los 6.402 jóvenes que asesinaron. 

Pero el Ejército que hay hoy, con todos los conflictos concentrados del inmediato pasado en la cabeza, es el ejército del Gobierno. Cuando atacan a esos jóvenes están atacando el gobierno de Petro. Si ustedes votaron por Petro, como sé que lo hicieron la mayoría, no todos, la mayoría, pues no podemos tener esa hipocresía que sería una hipocresía más abajo de las que he mencionado, entonces voto por Petro pero aplaude a quienes matan los muchachos, eso no le va a gustar a Paloma Valencia, de Petro. 

Son nuestro Ejército, el Ejército del Gobierno están cumpliendo órdenes del gobierno cuando veamos que hay una orden desobedecida o cuando veamos un hecho que no tiene que ver con una orden impartida, pues lo decimos e investigamos lo que pasó, como en Tierra Alta en este momento.

Pero la acción del ejército en este territorio, hoy por hoy, es una orden dada por el Gobierno y tiene una misión que, los conflictos del Valle del Micay terminen de manera armada y se pueda producir un diálogo entre el gobierno y la sociedad, como lo estamos haciendo aquí en el Tambo, con las diferencias que tengamos porque indudablemente en un problema tan complejo hay miradas diferentes de cómo solucionarlo y no vamos a coincidir exactamente en todas.

De ahí va a salir esa bandera multicolor de las soluciones y saldrá de la razón de la discusión colectiva el mejor camino posible y por eso porque lo que hay que ya establecer es el diálogo entre la sociedad y el pueblo, entre el pueblo y el gobierno, entonces tienen que cesar los disparos, pero no de manera hipócrita, ojo, tercera hipocresía, no es que yo dejo de disparar para que el ejército no entre para ver si sacó más cocaína rápido al valle del Micay, que nos dejen tranquilo a ver si puedo hacer la coronación, coronar, eso es hipocresía, así no se tratan los problemas de una sociedad.

Dejamos de disparar para hablar sobre los problemas del pueblo y para transformar las cosas en realidad ¿cómo entran aquí los equipos que puedan ayudar para ir construyendo la economía cafetera? donde pueda ser la economía lechera donde pueda ser la coreo economía cacaotera donde puede hacer cómo se pueden colocar las industrias y si le pongo atención a varias de sus propuestas 

¿cómo podemos coger la hoja de coca y volverla fertilizante, por ejemplo? porque yo no satanizó la hoja de coca, le pedía al señor Secretario General de las Naciones Unidas que saque la hoja de coca de las llamadas sustancias prohibidas porque la hoja de coca no tiene la culpa, es la transformación industrial de unos mercaderes lo que produce el efecto negativo, claro que puede ser y aquí o en algún lugar del valle se puede colocar la industria de biofertilizantes y otras cosas que aquí ustedes nos han mostrado en en esta feria. Comida, nutrientes quién va a satanizar si los indígenas de hace 1.000 o 2.000 años sabían el por qué.

Nunca un indígena de hace 2.000  años se le ocurrió hacer de la hoja de coca cocaína eso, fue a un capitalista europeo en el siglo XIX, ese saber indígena sabía que esa hoja se podía utilizar en otras cosas y por eso lo usaron y se convirtió en mata sagrada, según sus creencias.

Bueno es la hora de dar los saltos a una economía lícita en toda esta región y que esta región se convierta en uno de los ejes espirituales, en un alma, del cauca, tierra de tantas guerras y de tanta historia del Cauca. 

Para eso indudablemente necesitamos el espacio de la reflexión y de la tranquilidad. El 8 de octubre se inicia una reunión en Tibú, pero no quiero que se utilice con el pensamiento de Maquiavelo, que se le llama a ello por los filósofos la razón instrumental, y que es propia de la clase política tradicional colombiana. El cálculo es que actualizamos aquí el gobierno y calculamos aquello, no.

Quiero que esa reunión se utilice para una razón muy superior que la razón instrumental y que no se basa en el cálculo, sino que se basa en el encuentro libre de las ideas, de las intenciones, de los proyectos. 

Como en Micay, podemos dibujar varias regiones de Colombia, ahora la hoja de coca la llevan a la frontera entre Putumayo y el Ecuador, porque piensan que las rutas de la cocaína se van hacia el sur, del Brasil, porque piensan que ya Estados Unidos deja de ser un país consumidor de cocaína, por razones peores. 

Entonces, estar cerca de los mares ya no es tan rentable, porque allá cada vez van a haber mejores demandantes. ¡Qué desgracia! Que en vez de que una política bien financiada hubiera disminuido la demanda por cocaína en Estados Unidos, a través de la educación, de la alegría, del amor de su juventud, ya ha sido porque saltaron a una cosa peor todavía, la droga de la muerte, el fentanilo. 

Pero les disminuye la demanda por cocaína, y entonces los intereses empiezan a gravitar de forma diferente. Entonces, los ejércitos del llamado Clan del Golfo se van configurando a ver cómo llegan al Cauca, y el Cauca pasan por el Huila hacia el Putumayo a guerrear con los que ya están allí, y más y más guerra. 

¿Ustedes vieron las imágenes de lo que sucedió en la frontera entre el Putumayo y el Ecuador? Un poco de muchachos jóvenes, por decenas, muertos, entre un grupo que se llama no sé qué y otro grupo que se llama no sé qué. 

Dice que todos con una historia antigua que proviene de los mártires de la Revolución Colombiana, que yo creo que se volverían a morir si vieran lo que está pasando hoy ¿Por decenas? ¿Como si fueran cosas? ¿En dónde quedó la mentalidad de la democracia y de la transformación y del amor al pueblo? 

Entonces se reclutan a partir de sueldo, no de ideas, se recluta forzadamente a si sean niños, se llevan a los campos de batalla a defender economías cocaineras, y se dejan matar como si fueran animales o, peor, gente desechable ¿Eso es el futuro de Colombia? 

Yo le digo a todos esos muchachos, olvídense que ese no es el futuro de Colombia. No puede ser que nos tratemos como si fuésemos objetos desechables de un negocio, maldito que no expresa más sino la codicia de ser rico y de manera tan falsa que nadie termina ahí rico, todos terminan en la muerte, matándonos entre nosotros. 

Y entonces ya vienen los grupos que ya saben que no pueden cambiar ya su mercado de traqueteo hacia los Estados Unidos por la gran extorsión sobre su propio pueblo en las regiones y ya organizan las rutas para ver en dónde se puede organizar de nuevo el negocio. 

Ese no puede ser la historia de Colombia. El Micay tiene una responsabilidad hoy con nosotros, el gobierno, y con los que están armados ahí, en el Valle del Micay y es si hacemos un cambio así, es decir, si nos volvemos revolucionarios. 

Y entonces hacemos un cambio así donde ese destino desaparece de nuestra historia y somos capaces de mostrarle al mundo y al país que podemos transformar la realidad en una realidad que beneficie al pueblo en donde pueda haber en una región concreta democracia que no es más sino el gobierno popular, el poder popular y la paz. 

Y donde entonces en vez de todo ese traqueteo empiecen a aparecer los libros y las medicinas y la filosofía. A mí me gustaría venir a leer un libro de filosofía ahí en una casa con ustedes y analizarlo, sería cheverísimo porque nos pondrían otros en otras rutas hacia el futuro. 

Cuando ya no estemos aquí esta sería una región poderosísima, desde el punto de vista cultural y espiritual porque es que la cultura es la fuerza de los pueblos y explotar la cultura, hacerla crecer, pues es el camino del desarrollo. El desarrollo es ese. 

Desarrollo no es ver cómo tenemos un Ferrari en una carretera de esas con una rubia al lado, como salen los comerciales de los Estados Unidos. Desarrollo si logramos desarrollar este órgano que está aquí y este sensibilidad y saberes. Por eso esos muchachos que están ahí mirando cómo se enfrentan con el ejército que yo no voy a retirar, les propongo más bien que a través de esa reunión del 8 de octubre comencemos. 

No los vamos a sacar de aquí si no quieren que permanezcan aquí si esta es su región, si aquí tienen sus familias. No los vamos a echar a la cárcel si no quieren. No los queremos matar en los campos de batalla, no queremos. 

Lo que queremos es que ustedes nos ayuden a construir las cooperativas, que el fusil se oxide porque ya no sirve más y que empecemos a usar los otros instrumentos de la democracia. Aprovechemos esta oportunidad, no va a haber muchas más adelante si los amigos del narcotráfico y de la impunidad tienen éxito y acaban con este gobierno, lo que vendría es algo peor. 

Así que lo que tenemos es que defender el gobierno popular, nosotros nos vamos a defender. No vamos a dejar perder esa oportunidad, pero ¿para qué? Para que el pueblo viva mejor. Y si es en el Valle del Micay donde podemos demostrarlo con la fuerza popular que hay, que la hay, hagámoslo. Aprovechemos esta oportunidad. 

Ojalá que quienes vinieron por aquí, Quintín Lame, por ejemplo, Quintín Lame, tantos, el padre Álvaro Hulcue Chocue, que de niño yo aprendí quién era, que yo aprendí quién era, o el que andaba aquí por las montañas, Carlos Pizarro. 

Y tantos y tantos otros, tantos y tantos otros y otras pudieran ver reflejado, si se pudiera lograr un episodio de esos, un Cauca vivo, no un Cauca muerto, un Cauca pujante y un Cauca que le pueda hablar a Colombia de futuros. 

Esa, esa es la esencia de una Colombia potencia mundial de la vida. 

Este programa, entonces, comienza aquí, comienza aquí. Espero de los funcionarios la mayor de las audacias, no me interesa el fue que, que fue que. Se vienen aquí, se reúnen. Ah, que se cayó gordo el uno con el otro, como siempre sucede, no. Trabajan en equipo. Pero aquí se implementa el plan piloto inicial de una sustitución histórica que comienza por el cultivo, pero que termina con el alma. 

Gracias. Muy amables.

(Fin/gbf)