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Declaración y rueda de prensa del Presidente Gustavo Petro sobre la reconstrucción de la isla de Providencia


Desde San Andrés, Presidente Gustavo habla sobre la ‘reconstrucción’ de la isla de Providencia
Foto: Presidencia de la República

San Andrés Islas, 21 de agosto de 2022.

Bueno, les agradezco a todas y todos los periodistas locales, nacionales, aquí presentes que hayan asistido un día domingo a esta hora.

Acabamos de regresar de Providencia. Recorrimos, más o menos, no solo toda la isla, sino tuvimos una visión, yo creo que, integral del proceso llamado ‘reconstrucción’ hasta la fecha presentado.

Algunas fotos aparecerán es en lo que llamamos el interno, en nuestras redes, en la página de Presidencia. Así que, para quienes no estén conectados con ella, les sugiero hacerlo, porque si no, no nos vamos a entender muy bien.

Aquí están el Gobernador de San Andrés y Providencia, Everth Julio Hawkins; los ministros y funcionarios del Gobierno Nacional que me acompañaron. La Ministra de Vivienda (Catalina Velasco), la Ministra de Salud (Carolina Corcho), Ministro de Educación (Alejandro Gaviria), Ministro de Relaciones Exteriores (Álvaro Leyva) y nuestro Director de la Unidad Nacional de Emergencias y Rescates (Javier Pava).

Hay funcionarios del hospital en este momento, aunque se hacen se aquí presentes.

Nos vamos a referir, básicamente, al viaje, al recorrido y a la conversación que tuvimos, tanto con responsables del proceso de ‘reconstrucción’, a la fecha como, con la comunidad raizal de Providencia.

Costo de viviendas

Digamos que la primera sorpresa que tuve, y creo que de ahí se podría colegir una serie de análisis de todo tipo –económico, antropológicos, étnicos, incluso del poder mismo–, es el valor promedio de cada solución de vivienda que se ha entregado a la comunidad. Un poco más de 1.000, entre nuevas, entre reposiciones.

Desde el punto de vista de ese número, alcanza el porcentaje alto, digamos, de reposición de vivienda en la isla, pero el costo promedio de esas viviendas es de 600 millones de pesos.

Son edificaciones –para los que no pueden dar las fotos– de aproximadamente 70 metros cuadrados en promedio. Eso da casi casi 10 millones de pesos por metro cuadrado.

Entonces ¿por qué un valor tan sorprendente? ¿Cómo puede valer en Providencia una casa en concreto, con tejas de zinc, muchas, veces algo de estructura de acero, 600 millones de pesos?

Pregunté a quienes se han encargado del proceso. Me dijeron, básicamente por los costos de trasladar el concreto, el cemento, el acero desde Cartagena en barcazas hasta la isla de Providencia. Aunque parte de ese costo fue asumido por la misma Armada Nacional, que ayudó en el traslado desde el puerto de Cartagena hasta la isla.

Yo creo que ese valor, sorprendentemente alto, explica lo que ha pasado allí.

Realmente ni se tuvo en cuenta a la comunidad raizal, ni su cultura arquitectónica, que se basa en el triplex marino, que es como se denomina a las edificaciones, a los paneles de madera de pino que se colocan en la mayoría de las casas de la isla y en buena parte del Caribe, en general anglófono. Se llevó fue cemento desde Colombia, y acero de allí, y empresas bogotanas a construir sobre una cultura completamente diferente.

La reconstrucción fue básicamente una imposición y tiene consecuencias que cualquier turista no vería en casas de colores, sino que habría que adentrarse mucho más allá para entenderlas.

Al hacer una arquitectura básicamente bogotana, basada en el concreto y en el acero, se tuvo que traer una fuerza de trabajo de centenares de trabajadores foráneos a la isla; aún muchos están allí.

Eso provocó un golpe económico, quizás más destructivo que el mismo huracán, porque hoy un huevo en la isla vale mil pesos.

Y la pregunta que uno tendría que hacerse es si la canasta familiar es sustancialmente más alta que la que la que cualquier familia colombiana tendría, porque se importa todo, porque en la reconstrucción no se vio la necesidad de, por ejemplo, recuperar los cultivos; de, por ejemplo, fortalecer la pesca cooperativa que allí se realiza, entonces la comida se importa toda, pero con la crisis mundial alimenticia y con los niveles de dinero que llegaron en manos de los contratistas para hacer la reconstrucción –entre comillas–, los precios de los alimentos, los precios de los arriendos se elevaron sustancialmente. Un arriendo que valía 450 mil pesos hoy vale 7 millones de pesos.

Desde esa perspectiva, la isla tiene una zozobra profunda económica y un problema de inseguridad alimentaria profunda. En la isla hay hambre.

La reconstrucción no tenía que ser mirada solamente en el concreto y en los contratistas del concreto, sino desde el punto de vista humano; en la cultura de la sociedad raizal de la Isla de Providencia. Perfectamente con las arquitecturas culturales de la isla, con la fuerza de trabajo de la isla, con sus carpinteros, con sus conocimientos se hubieran podido realizar las mismas viviendas quizás tres veces más baratas y el proceso no hubiera costado 1.2 billones de pesos, sino una cifra sustancialmente menor.

Y si se hubiera pensado en el ser humano, se hubiera podido reconstruir antes que nada la economía de la isla para poder comer, y si hubieran recuperado sus valores propios, incluso arquitectónicos, como los lugares de patrimonio que hoy no se reconstruyeron; como haber comenzado por el hospital de la isla, que solo una semana antes de nuestra posesión comenzó a construirse. Hoy no hay sino una zapata de cemento allí.

No hay hospital, no hay comida suficiente, no hay sino zozobra económica.

Este es un clásico ejemplo de reconstrucciones hechas desde afuera, sin contemplar ni la cultura, ni la fuerza misma de la comunidad; sin consultar a la comunidad, al punto que realmente la isla de Providencia está sufriendo una crisis profunda cultural, económica y de hambre.

Ese es el resultado de nuestra visita.

Bueno será interrogarnos por qué una casa tan pequeña hecha en la isla de Providencia vale en promedio, según la reconstrucción, 600 millones de pesos.

Periodista Alice Medina, de Teleislas: Presidente, bienvenido a San Andrés. Mi pregunta es, específicamente, ¿qué tareas y compromisos se lleva a nivel local en este departamento? y de igual forma, ¿cómo va ese compromiso y esa promesa de designar a isleños en embajadas del Caribe?

Presidente Gustavo Petro: Bueno, entonces allí, al final tuvimos una reunión con la autoridad raizal y con diferentes organizaciones juveniles, comunales, de cooperativas de pescadores, raizales todas, en el Campamento Dignidad.

Y construimos lo que será, pues, el final de ese proceso de reconstrucción entre comillas, variando los objetivos.

Viviendas por construir

Hay aún entre 100 y 200 viviendas por construir, fundamentalmente para arrendatarios que estaban allí, raizales, que no tenían vivienda propia y que quedaron excluidos del programa. Nuestra intención es que ese programa de vivienda para ellos, para esas familias, se haga bajo los criterios de arquitectura tradicional y con la fuerza de trabajo de la isla, implica importar algo de madera, pero así es como se ha hecho tradicionalmente.

En segundo lugar, fortalecer la economía propia de la isla, por lo menos en dos sentidos. Una, la cooperativa de pesca. Y aquí entramos a una discusión que tiene que ver con tu pregunta. Pescar, como una capacidad y una posibilidad de la comunidad raizal, implica una actividad sobre el mar Caribe, cuestionada hoy incluso por tribunales internacionales, que se debe cimentar en lo que podríamos llamar la unidad de los pueblos anglófonos del Caribe, entre los cuales se encuentra San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Embajadores raizales

Esa realidad que existe desde hace siglos, pero que es nueva para la política exterior tradicionalmente colombiana hecha en Bogotá, debe construirse y uno de los elementos y medios para hacerlo es que embajadores, embajadoras, cónsules y cónsules mujeres, o cónsulas –hay que inventarse la palabra– sean raizales.

Va a haber una consulta con la autoridad para escoger nombres y nuestro Ministro de Relaciones Exteriores (Álvaro Leyva), comenzará los nombramientos.

La idea no es simplemente unos puestos o un acto simbólico. La idea es que nuestros embajadores y embajadoras raizales nos ayuden a construir una influencia en todas las Antillas y una unidad de la cultura propia, raizal, de estas islas, que se extiende hacia varios lugares de las Antillas: Jamaica, Belice, la Costa Mosquitia, Puerto Limón, Costa Rica, y otros lugares, de tal manera que aparezca un nuevo sujeto en la discusión alrededor de los derechos sobre el mar: los derechos de la comunidad ancestral raizal anglófona.

La pesca

Ese es, digamos, el marco político. Y, en medio de eso, entonces, fortalecer un tejido social, político, comercial en todo el Caribe, ojalá con centro en estas islas o con una participación protagónica de nuestras islas, uno de los cuales como ligamento comercial es la pesca.

Vamos a iniciar con el Ministerio de Comercio una labor de fortalecimiento de las cooperativas pesqueras, tanto de Providencia como de San Andrés, que las haga pasar del artesanado hacia la industrialización, y que elimine intermediarios foráneos.

No veo cómo, después de una derrota de los anteriores gobiernos en el Tribunal de La Haya, de tipo jurídico, se esté entregando licencias para pescar a empresas foráneas, en vez de estar fortaleciendo nuestras cooperativas pesqueras raízales.

Entonces el énfasis es ese. Fortalecerlas en medio de una gran actividad diplomática que es de Colombia, pero a través de la Colombia diversa, que es de la comunidad raizal, y que tiene que ser de la comunidad raizal, juntándose a una historia común, hecha y construida hace varios siglos, en una comunidad anglófona antillana, que yo creo debe confederarse en términos culturales, comerciales, y que puede ser uno de los espacios de influencia colombiana en el Caribe todo de América.

Agua potable y cisternas

Esos son digamos, podemos seguir la lista. Allí hay un problema también que choca con la cultura en el proceso de reconstrucción, que es fundamental: el agua.

La Ministra de Vivienda tomó nota. El proceso de reconstrucción comenzó destruyendo las cisternas y las cisternas eran el método de recolección de aguas lluvias que cada familia, tradicionalmente, había construido en la isla. Fue reemplazada por los tanques de plástico que conocemos en el área continental de Colombia, pero que es absolutamente insuficiente en su capacidad de recolección al que tenían las cisternas hechas culturalmente por los habitantes de la isla.

Eso nos lleva aún desequilibrio de agua potable. Y, obviamente, eso es sustancial para la existencia y para el turismo limitado que se da en la isla.

Hay que reconstruir el equilibrio del agua. La planta desalinizadora que se puso es 10 veces más costosa el agua que produce que la que existe en el embalse, que fue, en cierta forma, recuperado, pero ese embalse no fue suficiente para las necesidades de agua potable de la isla. Siempre se complementó con la recolección familiar del agua lluvia que quedó destruido con la reconstrucción.

Entonces una de las actividades es volver a reconstruir el sistema tradicional y cultural de las familias de la isla en torno a la recolección de aguas lluvias a través del método de cisternas –mucho más amplias, tienen un costo– que no debieron ser nunca destruidas.

Y ese es otro elemento, digamos, de la política que vamos a realizar en los próximos meses.

Finalmente, la recuperación de algunos lugares que son fundamentales desde el punto de vista cultural, y que no fueron tenidos en cuenta por la llamada reconstrucción, porque no se dieron cuenta que eran lugares fundamentales precisamente para la cultura de la isla.  Por poner un ejemplo, el Colegio María Inmaculada, que era uno de los hitos arquitectónicos –por allí pasaron generaciones enteras de hombres y mujeres–, quedó destruido por el huracán. Es una joya desde el punto de vista arquitectónico, pero no fue contemplado dentro del programa de reconstrucción.

Lo mismo que no fue contemplado los lugares del deporte típico de la isla que, es el básquetbol y el béisbol; las miradas bogotanas no tuvieron en cuenta ese aspecto, y quedó por fuera de la reconstrucción de la isla. Es decir, no hay deporte para la juventud.

No hay hospital

Y añadimos algo que nos pareció insólito y es que la reconstrucción no hubiera comenzado por el hospital, cuando precisamente se estaba dando una emergencia.

En la isla no hay hospital. El servicio termina en este lugar y las posibilidades para trasladar personas muy enfermas solo dependen de la capacidad que tenga la Armada en un momento determinado, la pista no tiene iluminación, en la noche no se puede hacer esos traslados. Si se enferma alguien de noche, de manera grave, tiene que ser trasladado en lancha, golpeándose contra el mar durante dos horas y media. Anoche llegó un caso así.

No puede haber una reconstrucción pensada en el concreto y no en los seres humanos. Lo primero que tenía que haberse reconstruido era, precisamente, el hospital de la isla, por lo menos para atender en unos niveles suficientes y tener un proceso de referencia con este hospital de San Andrés, que acabamos de visitar, para atender casos más graves.

Pero ese es el balance final de lo que haremos en los próximos meses, en lo que llamaremos una reconstrucción humana de la isla de Providencia.

Pregunta: Billy Lunazzi de El Isleño. Buenas noches, Presidente, y más allá de la presencia diplomática en las Antillas hay un tema que urge y es la conversación transfronteriza con los países vecinos de aquí de Centroamérica para un fin específico que es la conservación de la reserva de la biosfera Grand Sea Flower. ¿Para este fin se ha dado alguna instrucción específica? ¿Hay alguna posición al respecto?

Presidente Petro: Pues comencemos con nuestros embajadores y embajadoras antillanas, raizales, porque uno de los temas fundamentales es la construcción de los tratados entre los países que tenemos responsabilidad en una de las biosferas más importantes del planeta tierra, que es el Sea Flower, las reservas coralinas, la despensa alimentaria desde el punto de vista marítima e incluso americana, que se ubica allí, y que puede ser destruida.

Colombia tiene unos niveles de responsabilidad altos, hasta ahora. No así otros países que tienen allí presencia. Entonces esta actividad de nuestros embajadores y embajadoras raizales tiene como uno de sus ejes la defensa de esta reserva de la biosfera decretada por las Naciones Unidas.

No sé si nuestro Canciller aquí quiera referirse un poco a este tema, que es de su competencia.

Canciller Álvaro Leyva: La base es exactamente lo que usted ha señalado, que es la reconstrucción de este pueblo que tiene raíces inglesas, protestantes, que ha vivido del mar y para el mar, y que naturalmente configura una unidad desde Belice hacia abajo, Costa de las Mosquitias, el caso de la propia Nicaragua, obviamente Costa Rica, Panamá, pasando por todos estos pueblos, hasta Jamaica misma.

Esa es una identidad fundamental, que no solamente es pesquera, sino económica y que tiene una tradición desde los años 1.500, 1.600; hay relaciones humanas, hay primos hermanos. Es impresionante lo que hemos encontrado hoy en la conversación con el pueblo raizal y es algo que significa casi que la conformación de un subcontinente en este continente americano. Esa es la fuerza de Colombia, la fuerza de los de los raizales, se llaman así en Colombia, no en el resto de esta cuenca maravillosa. Y yo creo que es uno de los argumentos que vamos a llevar como novedad a la Corte Internacional de Justicia, porque naturalmente consideramos que hay argumentos nuevos para revisar un poco lo que está ocurriendo.

Yo no quiero adelantarme demasiado, porque naturalmente es algo que todavía estamos preparando, sobre lo que estamos reflexionando. Y quiero señalarlo, porque tenemos que ser justos con la ayuda de la Armada Nacional; de la Armada Nacional que tiene una gran capacidad para conocer del subsuelo marino.

Digamos que hasta ahí quiero llegar en este momento, porque estamos haciendo un acto de reflexión con consulta previa. La consulta previa es absolutamente necesaria, como hubiera sido mejor haberla hecho en lo que se llama la reconstrucción de San Andrés y Providencia. Hasta ahí llego yo por hoy, señor Presidente.

(Fin/erv/jdg/zia/mpp/gta)

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