Inicio de sesión

Discurso

Palabras del Presidente Gustavo Petro durante el evento Buenaventura, Potencia de la Vida en la Paz Total – 80 días sin homicidios

Foto: Presidencia de la República

Presidente Gustavo petro durante el evento Buenaventura, potencia de la vida en la Paz Total - 80 días sin homicidios

Buenaventura, Valle del Cauca, 7 de diciembre de 2022.

Un saludo muy especial a todas y todos los bonaverenses quienes en este acto de Paz Total alumbran un faro en el mundo que cada vez se llena más de conflictos, de armas y de guerra.

Nuestra Vicepresidenta Francia Elena Márquez; a nuestro enviado especial de la Unión Europea para la Paz en Colombia, Eamon Gilmore; Alto Comisionado para la Paz, Iván Danilo Rueda; Alcalde de Buenaventura encargado, Mauricio Gutiérrez; Consejera Presidencial para la Juventud, Gabriela Posso; excelentísimo monseñor, Rubén Darío Jaramillo, Obispo de Buenaventura; señores Embajadores, Jefes de Misiones Diplomáticas acreditadas en Colombia; Representantes de los Organismos Internacionales acreditados en Colombia; Funcionarios del Gobierno Nacional; Mandos regionales de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional; artistas invitados; medios de comunicación y en general toda la ciudadanía que me escucha.

Ayer no fue un día alegre, no fue un día como cualquiera, incluso. Fue un día intenso.

Decidí ir a la vereda Munchique (Buenos Aires, Cauca), el lugar donde se realizó el acto de violencia de un frente contra el Ejército de Colombia. Y allí encontré los soldados, los cadáveres; esta mañana los soldados heridos ya en el hospital, los soldados sobrevivientes.

Miré el territorio y hablé con la población que habita allí en la vereda bastante poblada, de población casi que exclusivamente afro, en las montañas más cerca a Santander de Quilichao que el mar. E indudablemente se pone uno a pensar si realmente el esfuerzo de paz se pueda concretar en Colombia.

Entre la mirada de shock tanto de los soldados como de la gente que sufrió en las horas de la madrugada, durante varias horas, las ráfagas, las granadas, etcétera, el desespero, la pérdida de amigos, el no poder hacer nada. El llanto de los sobrevivientes.

A veces, digamos, uno diría: Colombia está condenada a una especie de violencia perpetua que varía en el tiempo, que se transforma, pero no cede. Que en el siglo 19 tenía unas formas, unas ideas, unas excusas. En el siglo 20, otras y en el siglo 21, otras. Pero ya vamos para el tercer siglo de vida republicana sin que realmente hayamos podido establecer un espacio estable, permanente de Paz en Colombia.

Allí en el campo de combate había jóvenes de 19 años muertos, 19 años. De hecho, mirando los heridos, pues, literalmente eran niños. Niños heridos por fusiles, por granadas. 19 años y la inmensa mayoría eran afros, afrodescendientes.

Les pregunté a los soldados sobrevivientes si habían logrado captar el color de la piel de los atacantes y aunque no tenían mucha claridad por la oscuridad que allí había alguno dijo, pues, la mayoría eran afros. Es decir, son jóvenes afros matando jóvenes afros. Jóvenes negros matando jóvenes negros.

Esa es la violencia general en la Región Pacifica. Jóvenes negros autodestruyéndose, por qué al final cuál es la diferencia de uno y de otro.

Les pregunté a las mamás de los soldados, “Bueno, ¿y ustedes de dónde son? Entonces, una decía del Charco, otra decía de Puerto Tejada. Una me dijo que era vendedora ambulante. Gente pobre y humilde.

Y, seguramente, que, si se les preguntase a los atacantes, pues, la respuesta sería similar. Seguro hay un hijo de una vendedora ambulante y otra de Puerto Tejada y otra del Charco, seguro del Patía. Es decir, es la misma sangre, es la misma gente, del mismo territorio, es la misma gente que tiene las mismas causas para vivir y para morir.

Es una autodestrucción del pueblo negro en el Pacífico, causado indudablemente, en mi opinión, por la exclusión, la droga no aparecería si no hubiese exclusión, a veces decimos que la cocaína es la causa, no, la cocaína es el efecto.

El fracaso de la política mundial contra las drogas

He hablado mucho sobre el fracaso de la política mundial alrededor de las drogas, de cómo el 90% de los recursos internacionales que se dedican a este problema de la civilización capitalista, que no logra darle afecto a la gente y que en sus partes más débiles terminan en la esclavitud de la drogadicción, que en el 90% se dedica a reprimir en vez de prevenir.

Que el consumo de cualquier droga sería muy inferior, si se previniera, si el dinero se invirtiera en políticas de salud pública para lograr que la mayoría de las personas que consumen, dejen de consumir y que aquellas donde la enfermedad ha aparecido, porque esa es una enfermedad, pudieran ser atendidos por médicos, médicas, por procedimientos científicos y no simplemente por el estigma o la represión.

La mayor parte de ese dinero se ha destinado es a botar venenos sobre los campos o a llevar campesinos presos o pequeñas cadenas del narcotráfico, generalmente de jóvenes a la cárcel, produciendo una serie de batallas invisibles que van destruyendo la misma sociedad, cuando aquí estamos hablando es de una política de salud pública que debería ser atendida como tal, como salud pública.

Si en Estados Unidos y Europa, que juntos suman cerca de 130 millones de consumidores de cocaína, para hablar solo de esa droga, decidieran disminuir su consumo a través de una política preventiva, tal como se hace con el cigarrillo o con el alcohol, nosotros no nos estaríamos matando entre nosotros, desaparecería uno de los motores que está prendiendo la guerra entre los jóvenes en el país, simplemente por capturar una parte del negocio, muy pequeña, porque la mayor parte queda fuera del país y ese pedacito del negocio a ver si da para un plato de sopa, para hacerle una casa a la mamá, por sacarle una sonrisa a los hermanitos y a las hermanitas y así tras ese objetivo pequeño, que él considera grande, perder la vida, perder la libertad, perder el territorio.

El motor más grande que está prendiendo el conflicto en Colombia y que ha estado detrás, independientemente de sus formas, es la exclusión, aquí iniciamos un proceso inédito, hay algunas experiencias urbanas, hechas por alcaldes aquí y allá, en algún momento del tiempo reciente.

Algunas han sido más exitosas que otras, poco publicitado está por ejemplo, que la ciudad de Cali, por primera vez en 30 años, tiene menos de mil homicidios, que ha descendido sustancialmente la tasa de homicidios. No es una gran noticia, pero debería ser una enorme noticia, que una de las ciudades más violentas del mundo, que así lo ha sido, empiece a lograr un éxito constante y coherente, de la disminución de la violencia, al punto que logra, 10 días sin un solo homicidio y sobretodo, lograr por primera vez en 30 años que los homicidios desciendan de mil.

Exclusión, juventud y paz

Pregunté, dónde está la causa, cómo es que se ha logrado en ese lugar y la respuesta fue en primerísimo lugar, inclusión juvenil, inclusión juvenil es abrir las puertas de las oportunidades a las jóvenes y los jóvenes, normalmente excluidos que, en la ciudad de Cali, son mayoritariamente afros, juventud negra.

Juventud negra que ha sido excluida, entre otras razones en mi opinión, porque se mantiene aún vigente y permanente la mentalidad de los esclavistas gobernando a Colombia y que ven en cada persona de color oscuro, un antiguo esclavo al cual no se le otorgan verdaderamente sus derechos como sujetos, ciudadanas iguales que cualquier otro u otra en este país.

Bueno, ahora estamos viendo cómo experiencias exitosas como esta de la que he hablado, hasta ahora relativamente podemos aplicarlas en Buenaventura. El proceso inédito es que el Estado, el Gobierno, avala, cobija y protege un proceso de negociaciones entre dos agrupaciones que poco tienen de política en el sentido clásico de la palabra, pero mucho de organización juvenil excluida, armada y violenta.

Organizaciones que se han matado entre sí, que llevaron también a Buenaventura a ser una de las ciudades más violentas del mundo y que hoy apuestan, inician un proceso de confianza en un Gobierno que ha hablado de Paz Total y que lleva a que Buenaventura hoy complete 85 días seguidos sin homicidios.

Una ciudad que llegó a ser de las más violentas hoy ha tenido 85 días en paz, mejor que muchísimas de las ciudades de los Estados Unidos, por ejemplo, que su capital, Washington. Es un éxito que se debe no al azar indudablemente, sino a la decisión de las organizaciones, mayoritariamente de jóvenes de no matarse entre sí, de no matar al prójimo, de dar un espacio, una oportunidad a la paz.

 

 

 

Eso tiene que premiarse, no castigarse, ese tipo de gesto debe ser bien recibido, aplaudido diría yo a pesar de todo lo que haya pasado, porque Colombia necesita de la reconciliación, necesita perdonar, necesita encontrarse, seguramente en todas estas conversaciones que se van a iniciar con el papel importante de la iglesia, con el papel que tiene que jugar el Gobierno, con seguramente el papel que tendrá que jugar la justicia, porque este es un proceso inédito, un proceso de paz urbano que no se ha hecho en Colombia.

Esto nos llevará a plantearnos las necesidades de Buenaventura, la enorme necesidad de emancipar, esa palabra la utilizó porque era la que se utilizaba en tiempos de la esclavitud, emancipar la Región Pacífica.

Tengo mis temores, les voy a decir, en estos 100 días de Gobierno, ya han pasado más de 100 días, la capacidad del Estado de cumplir, que no pasa solamente porque exista una voluntad política para construir las soluciones, ejecutar el dinero público en una serie de necesidades básicas de la población que es la que permitiría la dignidad de la existencia en este territorio, que siempre fue pensado como un puerto para los dueños del puerto, para los dueños de la carga.

Carga que entra, carga que sale, sus dueños no eran propiamente ciudadanas, ciudadanos de Buenaventura, un territorio de paso para el capital, convertido en mercancías, mercancías aquí, mercancías allá, por cuántos millones de dólares diarios, pasando por la carretera y usando el territorio sin que sus propietarios, sin que los representantes políticos de esos empresarios dueños de esas mercancías si quiera pensaran, si allí, donde realizaban sus ganancias, había agua, había escuela, había universidad, había un modo de vivir digno, no.

Simplemente el uso y el usufructo y el abuso, de un territorio sin pensar en su población. Ahora a nosotros nos corresponde demostrar que se puede y ahí está el reto, y es un reto que está confrontado con la opción o la no opción de la paz.

Si el Estado es capaz de cumplir, en Colombia se inicia un ciclo de paz cada vez más amplio y permanente. Uno de los grandes errores de la nación colombina en su historia, es el incumplimiento de la palabra del Estado, la traición del Estado.

Los cuentos de nuestros abuelos, bisabuelos, padres siempre hablan de cómo se traicionó, de cómo se engañó, de cómo de quienes firmaban la paz terminaban asesinados uno tras otro.

Historias allá del siglo 20, de mediados del siglo, cuando se mataban liberales y conservadores.

Un señor como Rafael Uribe Uribe, a finales del siglo 19 y principios del 20 asesinado, después de que él había hecho un acuerdo de paz.

La historia reciente, el incumplimiento del Estado respecto a los acuerdos firmados con las Farc. Oiga, es que pusieron en el primer punto y así firmó el Presidente y así firmaron los antiguos comandantes de esa organización que se iban a entregar tres millones de hectáreas a los campesinos de Colombia.

¿Dónde está el cumplimiento de ese Acuerdo?

Tres millones de hectáreas valen un gran dinero para las proporciones de Colombia. Nos vale como 8.000, como 6.000 millones de dólares. ¿Pero dónde han puesto, aunque sea un dólar?

Un incumplimiento total de lo que acordaron y ahora nos asustamos porque hay disidencias. ¿Cómo no van a haber disidencias si incumplieron el acuerdo de paz?

Si el Estado cuando incumple es un generador de la violencia misma. El motor de la violencia no es solamente la decisión individual de algún ciudadano generalmente joven de acudir a las armas para buscar un destino que generalmente no encuentra, sino también el incumplimiento del Estado.

¿Cuánto ha cumplido el Estado de lo firmado con las Farc? ¿Cuánto ha cumplido el Estado con la ciudadanía bonaverense?

Entonces, aquí nos vamos encontrando con una de las causas permanente en Colombia.

Alguien dirá o lo leí en la prensa: es que 6.000 millones de dólares es mucha plata para entregársela a los campesinos en forma de tierra a las campesinas. Pero sí van y se tiran un poco de plata en unas vías 4G, de autopistas que solo sirven para importar productos de los puertos para matar la producción nacional en las grandes ciudades de Colombia. Una de las cuales se intenta construir por acá.

Allí sí no es costoso, no es costoso, porque quienes van por esas autopistas son las tractomulas cargadas de las mercancías de los puertos del gran capital en Colombia.

Lo ven costoso para el campesino, pero no lo ven costoso para el banquero al cual le entregan todas las concesiones de todas las carreteras del país.

Y, entonces, hay que cambiar la visión, no porque no se deban construir carreteras, sino porque hay que entregarle tierra al campesino y a la campesina, porque hay que abrir universidades al conjunto de la juventud, porque estas regiones tienen que tener una perspectiva económica, autónoma y no ser vistas como territorio para ser abusados.

Y, en esto la comunidad internacional sí que puede ayudar. Acaso es que Buenaventura no se liga con los principales mercados del mundo. Empezando por los asiáticos.

Oportunidades de enriquecimiento

El mar no es un abismo, el mar es un puente de comunicación, ninguna montaña se nos atraviesa entre Buenaventura y China, o Japón, o Singapur, o Australia.

Ahí hay una oportunidad que pudiera permitir si miramos desde la economía popular -no desde el gran capital- las opciones para un enriquecimiento paulatino, permanente, digno de la población del Pacífico, de afros, de indígenas, de otras etnias que habitan este territorio, lograr un proceso de emancipación de la región, yo creo que esa es la base de la pacificación real del Pacífico.

Los jóvenes de los ‘Shottas’ y de los ‘Espartanos’, lo que van a terminar demandándonos son oportunidades, y dónde las universidades, y dónde la manera de vivir decentemente, y dónde las posibilidades de ingresos que no sean las de la economía ilegal.

Un abecé que cualquier ciudadanía de cualquier parte del mundo demandaría, estudiar, ingresos, un hábitat digno, ¿dónde eso? y ¿dónde eso tiene que hacerlo el Estado, el Gobierno? Y tiene que hacerlo rápido. Implica priorizar los recursos, de eso hemos hablado mucho al interior de nuestro Gobierno: primero lo primero y primero lo primero es la población más excluida de Colombia.

Pero lo segundo, segundo la capacidad de hacer las cosas, y ahí mis dudas porque cuando se mete cualquier alcalde de cualquier municipio de Colombia, lo sabe, a buscar el visto bueno, y el proyecto, y la fase uno, fase dos, fase tres, y que entonces el visto bueno del ministerio, etcétera, se pasaron cuatro años.

Y el funcionario medio por allí, entonces le da un placer, casi que orgásmico, cuando dice no. Bueno y ¿por qué dijo no? Porque es el poder, dijo no porque es el ejercicio del poder, me pagan tres millones mensuales, pero mi gran placer es decirle no a la comunidad.

Bueno, le falta este papelito, le falta este otro papelito, vuelva el otro mes y el mes entrante trae el papelito y después le dice falta otro papelito. Entre papelito y papelito van estableciendo un peaje, ah bueno, de pronto no necesita el papelito si usted me trae otros papelitos.

Y así van estallando los procesos de corrupción, por una parte, pero va llenándose de hastío y de indignación el abismo de la ausencia de las obras cuando la plata está allí, cuando la voluntad política está allí, cuando la ciudadanía lo quiere, pero cuando se deja enredar el Gobierno en los embelecos de la burocracia que impiden que las cosas se puedan realizar.

Por eso, con la Vicepresidenta tenemos que trabajar, que el plan de emancipación de las zonas excluidas en Colombia, que tienen que ver con proyectos de acueductos, educativos, con vías, casi siempre se repiten los mismos temas en todas las regiones -no hay mucha diferencia- se pueda realizar en el corto plazo.

Eso implica quizás un aparato estatal diferente, unos caminos diferentes, una variación de decretos si podemos, que haga que el peaje no se pague y que ese poder orgásmico de decir no a todo, se elimine, porque es la voluntad de la ciudadanía la que tiene que imperar.

Y porque es la manera como en una mesa de negociación de paz, llámese Eln, llámese ahora de este proceso aquí urbano en Buenaventura, el Gobierno sea el primero en cumplir. Si el Gobierno es el primero en cumplir podemos exigirles a quienes han ido a la violencia, el cese total de la violencia.

Así que aquí hay un episodio inédito en la historia de Colombia, es Buenaventura la que lo genera, la que lo crea, la que lo ha demostrado. No estamos hablando de una ingenuidad, estamos hablando de 85 días sin homicidios, es decir, se ha probado que se puede.

Y esa prueba, entonces, tiene que llevarnos, esta prueba tiene que llevarnos a que sea quizás la excusa que dos grupos de muchachos se encuentren para no matarse entre sí, que sea la excusa para que Buenaventura pueda crecer en dignidad.

Que eso se deba al proceso, que se deba a tal o cual persona, es digamos inocuo, se debe a la población de Buenaventura. Es el pueblo de Buenaventura el que puede presionar y dirigir que este territorio se convierta en un territorio de paz, que los jóvenes ya no amanezcan muertos por allí, que las madres ya no tengan que llorar más en el territorio de Buenaventura.

Gobierno apoya proceso de paz en Buenaventura

Vamos a meternos por tanto en este proceso inédito y hacer las transformaciones que el Gobierno mismo necesita a su interior para cumplir con lo que se acuerde. Si aquí se cumple, esto se extenderá a Barranquilla, a Cartagena, a Montería, se extenderá a Tumaco, se extenderá a las barriadas populares de Medellín, de Cali, de Bogotá.

Aquí nace un faro, un faro, para alumbrar las posibilidades de Colombia, es que tener iniciativa, moverse al final es estar vivo, y nos estamos moviendo, nos estamos metiendo en iniciativas. El pueblo de Buenaventura nos está ayudando en mucho a que el día, la noche, la madrugada de Munchique no se repita en el territorio nacional.

Que los jóvenes negros dejen de matarse con los jóvenes negros para construir conjuntamente el verdadero futuro de la región, el futuro de ellos mismos, el futuro de Colombia entera.

Nos comprometemos, entonces, con ese esfuerzo, estaremos atentos al desarrollo de ese proceso. Son 1.760 jóvenes a los que hoy les damos un abrazo, el gran abrazo de la paz.

Gracias, muy amables.

(Fin/zia/jdg/ndc/dlg/gbf/mha)