Inicio de sesión

Discurso

Palabras del Presidente Gustavo Petro en el encuentro bilateral con el Presidente de la República Federativa de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ‘Camino a la Cumbre Amazónica’

Foto: Leo Queen - Presidencia

Saludo Presidentes Petro y Lula da Silva en la Universidad Nacional sede Leticia Amazonas

Leticia, 8 de julio de 2023.


Le agradezco la presencia a todas las delegaciones de los países que configuran la (OTCA) Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Están aquí todos presentes.

En este esfuerzo por construir una propuesta común –ha pasado algún tiempo desde la COP de París (Francia), la de Copenhague (Suecia), las promesas allí realizadas no se han cumplido–, lo cual merece una evaluación desde el punto de vista de nuestros pueblos sobre su qué hacer en torno a la defensa de la vida, porque estas reuniones, estas luchas comunes, estas discusiones, incluso, tienen que ver con la defensa de la vida.

Concepto simple, pero sin el cual todo lo demás sobra. Así lo decía el premio nobel de economía, Paul Krugman, ahora en Bogotá, que vino a dar una conferencia en la universidad Javeriana, qué sentido tiene hablar de tantas cosas en economía sino se aborda el asunto de la crisis climática.

Y en realidad hay una huida de la humanidad en torno a su principal problema, como si se tratase del avestruz, como si al esconder el rostro no sucediera lo que puede suceder si no actuamos.

Lo que dice la ciencia es que nos extinguimos, se extingue la vida, le llaman la sexta extinción. Ya ha sucedido cinco veces antes en la historia del planeta. No se acaba el planeta, no es propiamente una defensa del planeta, él sigue, solo que sin nosotros. Se trata es de una defensa de la vida.

Y el signo de los tiempos, esta época que nos toca vivir es y se marca a partir de que no se puede defender la vida sin el cambio, sin la transformación. Y, evidentemente es un tema profundamente Político.

Las corrientes de pensamiento, de acción política que en la humanidad se han construido sobre la base de defender el statu quo, de mantener las cosas como están, pues no tienen hoy sentido. Porque si mantenemos las cosas como están desaparecemos. Luego, el cambio se impone.

Y ese cambio, que no está predeterminado, que no está escrito en ningún libro de algún sabio intelectual que quisiéramos leer y darnos como un faro con sus palabras, lo tenemos que construir entre todos, entre toda la existencia humana.

Hoy Europa se ha metido en una guerra. La guerra tiene como fuente unas razones económicas. Una de las cuales, el gas.

Las guerras que hemos visto en el siglo XXI una y otra vez, sobre todo en Oriente Medio, tiene como origen el petróleo. Y la humanidad sabe qué sobre el petróleo, sobre el carbón –del cual somos Colombia el quinto exportador mundial– y sobre el gas solo se puede constituir la sexta extinción de la vida. Es decir, lo contrario al desarrollo, es decir, nuestra destrucción.

A menos que la ciencia esté equivocada, y ningún progresismo podría desligarse de las conclusiones de la ciencia, porque, o si no, sería profundamente irracional, y el pensamiento irracional solo lleva a los fascismos, que es lo que estamos viendo ascender en Europa, en Norteamérica, en el mundo, nosotros tenemos que ser profundamente racionales.

No sin dejar la pasión, no sin dejar los sentimientos, la fuerza de La vorágine que se escribió en estas tierras. Cuando alguien dijo, José Eustasio Rivera (escritor colombiano destacado por su obra poética, pero sobre todo por su novela La vorágine, considerada un clásico de la literatura hispanoamericana): “antes de conocer mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”.

Las pasiones, indudablemente, han sido parte de la existencia del pueblo latinoamericano, pero es la razón la que puede guiar el progresismo y la razón hoy dice, a través de la ciencia, que tenemos que actuar, que hay que formar todo el sistema económico mundial. Imagínense en ese reto, pareciera escrito a fines del siglo XIX. 

Transformar todo el sistema económico mundial es una revolución. Decía ahora, descarbonización es revolución. Quizás, no como nos la imaginábamos en años mozos, pero, quizás, es más profunda de lo que pretendíamos, porque se trata no sólo de una nueva tecnología.

Sería simple decir, la humanidad, si fuese el reemplazo de tecnologías, sino que esos cambios de tecnología siempre traen aparejado los cambios de relaciones sociales, políticas, del poder. 

Y aquí lo estamos observando, porque hoy somos conscientes, quizás no tanto antes que, las selvas del mundo –la selva amazónica es la más grande del mundo–son los pilares climáticos fundamentales.

El tercero en mi cuenta, es la selva amazónica. Se quita ese pilar y es como las columnas de Hércules. La humanidad puede derribar esos pilares y lo que sucede es que el mundo se derrumba encima de ella. 

Creímos que el desarrollo era tumbar estos árboles, volver potreros este paisaje, meterle ganado, creer que así se progresaba, que el progreso era la destrucción del árbol.

Le llamamos al árbol maleza, e incluso hicimos monumentos con el hacha que tumbaba los árboles. Hoy eso no es más, sino destrucción de la vida, no existe la palabra maleza.

Cada especie que nos rodea, vegetal, tiene una importancia, un encadenamiento, es un mundo intercomunicado de una manera biológica que antes desconocíamos. 

Colombia tiene la mitad de su tierra en bosques. Creíamos que eso era subdesarrollo. Hoy, el planteamiento de salvar esos bosques para salvar la vida siempre se continúa por una discusión, ¿cuánto nos pagarán por ello? ¿Por qué no hacer lo mismo que hicieron los del norte? 

Los del norte acabaron los bosques y mataron los indígenas ¿Ese es el desarrollo? ¿Tendríamos que hacer nosotros lo mismo? ¿O se está abriendo otra perspectiva completamente diferente? 

Hay otro tipo de desarrollo que tiene que ver con no tumbar el árbol, es decir, que tiene que ver con proteger la vida.

 


Ese reto de plantearnos entre nosotros esos caminos. que pasa por unas discusiones dificilísimas.

Por ejemplo, ¿vamos a dejar explorar hidrocarburos en la selva amazónica? ¿A entregarlos como bloques de exploración? ¿está ahí la riqueza o está ahí la muerte de la humanidad? 

Es una decisión que tendríamos que tomar en común. Obviamente, cada país es soberano.

Cada país aquí ha vivido del petróleo, la mayoría. Nosotros hemos vivido del petróleo y del carbón en los últimos 40 años.

Entonces ¿de qué vamos a vivir? Es la pregunta que se hace en la sociedad, pues podemos vivir del cerebro, podemos vivir de la ciencia, podemos vivir de otro tipo de desarrollos, podemos vivir de nuestra propia unidad abriendo caminos, podremos vivir del ecoturismo, aquí lo han mencionado, de la bioeconomía.

La bioeconomia puede ser un camino de exploración científica y tecnológica tan amplia que podría darnos, incluso, respuesta, desde el punto de vista de la salud humana, a muchos temas que la humanidad no se ha planteado. 

Aquí con nosotros está el tío Darío –que está por acá– que es parte de la familia de las niñas y los niños que estuvieron 40 días caminando en la selva, una de ellas con un bebé en hombros, sin más compañía –hola Darío–, sin más compañía que un perro, unos días.

Se buscó 40 días y se encontraron primero, porque esos niños habían aprendido de su comunidad como vivir en la selva. Cualquiera de nosotros hubiera perecido. Ellos sabían más que nosotros. Y esa es la importancia de saber ancestral.

Y en segundo lugar, porque juntamos dos saberes el del Ejército que estaba entrenado en la ciencia occidental, el satélite, las imágenes nocturnas etcétera, y el ancestral, que simplemente convocaba a los espíritus, para que los espíritus de la selva dijesen si entregaban a los niños o no. 

Y ambos saberes encontraron con vida a los niños. Es decir que una unidad de la humanidad, con saberes diferentes logró la vida. No crearla sino sostenerla, defenderla. 

Yo creo que algo así, esa tarea común de la diversidad que se encuentra, es nuestra tarea aquí, y es la tarea de la humanidad.

Claro, si perdemos los tiempos de la vida en guerras, en codicia, en pensar –y creo que es lo que está sucediendo en el norte– el que puede haber un capitalismo fortaleza al cual no le importa el resto, porque puede vivir sin naturaleza, en esa creencia, y por ello construyen muros para que la posible migración, que puede ser de miles de millones de personas del sur al norte, no se dé.

Por eso no ha sido cierta la propuesta de los cien mil millones de dólares anuales. Eso no existe.

Por eso en el encuentro de París –estuvimos con el presidente Lula–, los países y presidentes africanos hablaron con mucha claridad, porque así lo decían los economistas, Nicolá Sterne entre ellos, que salvar la vida en el planeta y superar la crisis climática obliga a una inversión de 3,3 billones en términos españoles, latinos de dólares al año y 30 veces menos que cien mil ni siquiera han sido cumplidos.

Claro hablar de 3,3 billones de dólares al año significa un cambio del sistema financiero mundial, significa un cambio de las relaciones económicas mundiales, significa priorizar la vida y no el capital, la vida y no la ganancia.

Hasta allá no ha llegado Europa, hasta allá no ha llegado Estados Unidos, hasta allá no ha llegado China y ellos son los que contaminan el mundo. 

Si no llegan a ese pensamiento, el cronómetro del reloj marca el final. Así que la presión nuestra tiene que encaminarse hacia ese derrotero. Ahí es donde está el progresismo político y la unidad de los pueblos. 

Transformar ese sistema económico en función de la vida es la revolución de los tiempos de hoy. Es una revolución de la vida. Aquí estamos rodeados de esa revolución. Esta es la capital, la selva amazónica, porque es la explosión de la vida.

Colombia ha logrado en este trimestre, según estadísticas, detener en un 76% la deforestación, una cifra importante por el tamaño, comparado este trimestre con el trimestre del 2022. Para lograrla hubo que hablar con grupos armados, y una de las conversaciones centrales era no deforestar.

Es decir, que en cierta forma la paz está comunicada con la vida, y era obvio, con la posibilidad de defender la selva.

Hubo que hablar con las comunidades para estudiar mecanismos en donde su nivel de vida pueda mantenerse o superarse sin tumbar el árbol, un desarrollo en la selva, no contra la selva.

Esas conversaciones tuvieron como resultado esta estadística que podría dañarse obviamente, no es estable. 

Reducir 76% de la deforestación en la Amazonía colombiana, poder llegar a cero, y poder empezar la restauración de la selva, pues es un aporte que se le puede la humanidad que queremos compartir con ustedes, porque las ideas de cada país son importantes, son, quizás, más importantes que lo que hemos podido desarrollar como ideas individuales, nacionales.

Empoderar la OTCA, entonces, en Belén, en la próxima reunión de presidentes, darle el estatus de poder político que necesita, ponerla a hablar en común, tener un discurso en común en la próxima COP –que será en un país árabe y petrolero– yo creo que son los objetivos que nos tenemos que trazar. 

Nosotros hemos propuesto cambiar deuda por acción climática, los 3.3 billones anuales se podrían alcanzar en una parte significante si transformáramos el sistema de deuda mundial a partir de una emisión de derechos especiales de giro, que esta vez sería ambientales en el fondo monetario internacional, cambiando la correlación de fuerzas que hay a su interior.

Porque esa emisión equivaldría a un Plan Marshall de Acción Climática en toda la humanidad, y equivaldría a una reactivación económica, pero ya en otro sentido, que no es la maximización de la ganancia sino la maximización de la vida, en donde las puras inversiones rentables, quizás, se queden pequeñas ante la necesidad de enormes inversiones públicas, planificadas, para mitigar. Es decir, cesar el consumo del petróleo y del carbón.

Y para adaptarnos, es decir, para que la vida en nuestros pueblos pueda resistir el embate del clima hasta que superemos el principal problema de la humanidad. La crisis climática. 

Así que les agradezco su presencia y nos vemos en Belén de Pará (Brasil), con el anfitrión, Presidente Lula, en Brasil.

Gracias muy amables.

(Fin/jr/gb/epr/cb/gaj)