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Palabras del Presidente de la República, Gustavo Petro, en el Foro Global de Seguridad Alimentaria


Intervención del Presidente Gustavo Petro en la Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria
Foto: Cancillería


New York, 20 de septiembre de 2022.

Yo tengo alguna preocupación sobre el concepto ‘Seguridad Alimentaria’, tal como lo hemos usado en Colombia y en América Latina.

Como ‘Seguridad Alimentaria’ se ha entendido un mundo en donde, vía la libertad del comercio de alimentos, se puede alimentar a todo el mundo.

La práctica ha demostrado que a pesar de que efectivamente el planeta ha logrado la capacidad de producir nutrientes para toda la humanidad, incluso más, parte de la humanidad está en hambre y el hambre crece. 

El concepto en sí mismo no se ha verificado. Y básicamente no tanto, creo yo, por las trabas del comercio mundial de alimentos, sino porque al lado de la capacidad de producir nutrientes, de ofrecer nutrientes suficientes, hay un problema de desigualdad de ingresos.

Entre la oferta y la demanda, es decir, los ingresos efectivos, hay una categoría; se llama el precio. 

Parte de la humanidad no puede comprar los nutrientes al precio que ofrece el mercado, y surge hambre, surge la hambruna, surge la vulnerabilidad alimentaria. Y no es de millones, sino de centenares de millones de personas. 

Hay un problema fundamental en el concepto mismo de ‘Seguridad Alimentaria’, y es que no tiene en cuenta la desigualdad de ingresos de la humanidad. 

En esa medida, en Colombia discutíamos, yo fui uno de los opositores al tema, de ese concepto libre mercantil de la ‘Seguridad Alimentaria’, y construimos uno que ahora escucho en boca del Secretario de Estado de los Estados Unidos (Antony Blinken); le llamamos ‘Soberanía Alimentaria’.

Para países con cierta capacidad de producir nutrientes, es indispensable que antes que nada sus tierras, sus aguas, su capacidad económica, produzcan los nutrientes mínimos que necesita su propia población. Es un concepto diferente.

Habilitar a países diferentes en diversos continentes para nutrir su propia población, bajo el concepto de ‘Soberanía Alimentaria’, puede ser un paso mucho más eficaz que el primer concepto de ‘Seguridad Alimentaria’ mercantil en disminuir el hambre del mundo.

Pone otros protagonistas sociales en el escenario de la política; al lado de las grandes corporaciones multinacionales de producción de nutrientes, de semilla –que incluso afectan de manera grave las emisiones de efecto invernadero que se producen en el planeta, como la producción de la carne ha demostrado–, también aparecen otro tipo de sujetos sociales a los cuales hoy deberíamos empoderar, llenar de derechos, rescatar: la mujer campesina, por ejemplo; el campesinado, que lejos de desaparecer, aún resiste en muchos países de nuestros continentes y aún es un eje fundamental en la producción de nutrientes para la humanidad. 

​El caso colombiano

El caso colombiano es un poco extremo. En realidad, nuestro país goza de gran capacidad de producción de nutrientes, no solo para su propia producción, para su propia población, sino para exportar al mundo. Sin embargo, no lo hacemos.

De cerca de 30 millones de hectáreas que tendrían potencial de producir alimentos para el país y para el mundo, solo usamos seis. El resto son potreros, llamamos nosotros, praderas, con una ganadería extensiva profundamente improductiva.

Más, es un concepto premoderno de tenencia de la tierra; se ha hecho de la tierra un símbolo de poder, como antaño el feudalismo, y no un instrumento de la producción y de las necesidades humanas, como el mismo capitalismo lo puso de presente.

Esa visión arcaica fue profundizada por el concepto de la ‘Seguridad Alimentaria’. Dado que los alimentos eran relativamente baratos para nosotros, exportadores de petróleo y carbón en épocas de altos precios, era preferible importarlos que producirlos. 

Llegamos a importar 13 millones de toneladas, la mitad de ellas en maíz, cuando, al parecer, según la ciencia, el maíz fue descubierto por el ser humano en las tierras de lo que hoy es nuestra patria. 

Importamos de Estados Unidos y del Canadá. Allá es más productivo, si se mide por toneladas por hectárea, que en Colombia, pero es muchísimo más intensivo en el consumo de combustibles fósiles que en Colombia.

​Lo que implica la ‘Soberanía Alimentaria’

¿Cuál de las dos medidas es más pertinente para la realidad actual?

Le hemos pedido a los Estados Unidos pensar en este problema, que podría ser más allá de Colombia y de América Latina: usar al máximo la capacidad de la tierra fértil, es decir, de la tierra y el agua para alimentar debe ser una prioridad. 

Implica el concepto de ‘Soberanía Alimentaria’ allí donde podemos, como en Colombia. Implica una visión política diferente sobre la tierra, que de símbolo del poder de algunas castas oligárquicas latinoamericanas debe transformarse simplemente en instrumento de poder.

Implica –porque no es un juego de suma cero, en realidad–, que al lado de la gran corporación transnacional, altamente productiva en término de producto por hectárea y altamente improductiva en término de gases efecto invernadero, pueda protegerse la población campesina, la producción alimentaria del sujeto, que más que hombre es mujer, la mujer campesina, cuidadora de la vida, cuidadora de la tierra y cuidadora del agua.

Sobre todo, en países donde aún existe el campesinado, protegido incluso por estatus de las Naciones Unidas, por tratados internacionales, por un miramiento especial y privilegiado incluso en las firmas de tratados de libre comercio.

Si Colombia pudiera transformarse políticamente, y ese es uno de mis propósitos, sus tierras podrían producir alimento no solamente para sí sino para el mundo; podría ser la base de una plataforma de industrialización.

Si su campesinado se empoderara económica, social y políticamente, Colombia, Antony (Blinken, Secretario de Estado de los Estados Unidos), dejaría de ser narcotraficante.

Es un camino diferente, como está mañana lo decía a la mal llamada ‘Guerra contra las Drogas’.

Si Colombia produce más agricultura y alimentos, más maíz, si importa menos maíz de los Estados Unidos, exporta menos cocaína.

¿Cuál de los dos caminos preferimos? 

Es más, si Colombia usase sus 30 millones de hectáreas para producir alimentos, sería un país pacífico, no habría guerra; la violencia de Colombia se ha construido alrededor de la tenencia improductiva de la tierra y de ser la tierra un símbolo simple de poder y no un instrumento de producción. 

​Posibilidades de inversión en la Altillanura

Si ustedes cogen el mapa de Ucrania, y termino, y lo ponen en la misma escala sobre Colombia y Venezuela, en un lugar que se llama allí la Altillanura, los Llanos, al norte de la selva amazónica y al sur de las cordilleras de los Andes, tierras planas, encontrarán que Ucrania es la mitad de ese territorio.

Este territorio tiene muchísima más agua que Ucrania y no puede ser bloqueado por Turquía o por cualquier otra potencia, porque está exactamente en la mitad del camino entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico, el camino planetario. 

Sin embargo, allí no se produce alimentos. Habría que hacer inversiones: un ferrocarril, como veíamos en las películas del Oeste de los Estados Unidos; una apertura de una nueva frontera agraria, como dice en Banco Mundial, que la bautiza como la última frontera agraria posible en la humanidad, con tanta potencialidad o más que Ucrania. Solo que necesitamos y no tenemos los recursos para abrir esa frontera que, entre otras, ayudaría a aliviar las cargas y las presiones económicas sobre la selva amazónica natural.

Ahí hay una oportunidad de inversiones. Quizás en otras partes del mundo podamos hacer lo mismo.

¿Qué tendríamos que hacer sino una colaboración, un gana a gana, en donde la inversión extranjera allí pudiera abrir la frontera agraria para su ganancia, para aumentar la oferta de nutrientes, pero con unos límites que garantizaran los derechos del campesinado, los derechos ambientales, y el derecho de toda nación a la Soberanía Alimentaria?

Por encima del concepto de Seguridad Alimentaria, mercantil, global, debe existir un concepto de derecho: el de que toda nación tenga la capacidad de producir los nutrientes mínimos para su propia población, que es lo que llamamos ‘Soberanía Alimentaria’. 

Elevar a la categoría de derecho mundial el concepto de ‘Soberanía Alimentaria’

​Estas perspectivas son las que coloco en discusión. ¿Puede Naciones Unidas elevar a la categoría de derecho mundial el concepto de Soberanía Alimentaria? 

¿Podemos en los tratados de libre comercio colocar una cláusula de salvaguarda que permita la Soberanía Alimentaria? 

¿Podríamos colocar en un estatus mundial el derecho de prioridad para usar la tierra fértil, no en la producción de combustibles para los carros, sino en la producción de alimentos para los seres humanos, dado que el cambio climático traerá una pérdida de fertilidad, una pérdida de tierras, una pérdida de aguas y una pérdida de capacidad de nutrientes en las plantas que cultivamos?

Bien sería el momento de que Naciones Unidas, haciendo un baipás al concepto de la ‘Seguridad Alimentaria’, como seguridad mercantil global, pudiera construir estos nuevos estatus de prioridades en el uso de la tierra fértil, de derechos, de sujeto nuevo, social y político, la mujer campesina, y de la prioridad para establecer las capacidades de ‘Soberanía Alimentaria’ de las naciones del mundo.

Gracias, muy amables.

(Fin/fca)


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